Cuando el incendio avanzó hacia las viviendas del sector Las Mercedes, en la Ruta 146 entre Cabrero y Concepción, varios vecinos ya sabían qué hacer: asegurar el agua disponible, humedecer el perímetro, coordinarse entre ellos y con los equipos de emergencia y mantener la calma. La diferencia no fue el azar, sino años de trabajo con apoyo público y privado, reforzado por la Red de Prevención Comunitaria, ARAUCO y su programa Desafío Agua que impulsa desde hace 12 años en el sur de Chile.
Ese aprendizaje se consolidó con años de preparación: reuniones operativas, recorridos para identificar puntos críticos, listas de contacto, simulacros y acuerdos que se vuelven decisivos cuando el fuego se acerca. El día del incendio, en enero pasado, esa coordinación permitió proteger vidas y hogares: vecinos avisando por los canales definidos, priorizando a quienes requerían apoyo y ejecutando tareas ya acordadas.
Lecciones aprendidas
Para entender por qué Las Mercedes resistió, debemos volver a 2017, cuando estas mismas familias perdieron sus hogares por los incendios. “Ese año acá no llegó nadie, quedamos solos”, recuerda Liliana Valenzuela. Sin embargo, aquella tragedia cambió las prioridades y se integró a la Red de Prevención Comunitaria. “Hoy ya no estamos solos”, afirma, lo que se tradujo en protocolos: capacitación, coordinación vecinal, puntos de encuentro y prácticas de evacuación.
Cristian Oñate, gestor de la Red de Prevención Comunitaria (RPC), lo resume así: “Aquí hubo una comunidad preparada, que impidió que el fuego llegara hasta sus hogares”. La preparación también fue material. Bernarda Muñoz, vecina del sector, cuenta que, a través de Desafío Agua, implementó un estanque de almacenamiento. “Pude regar parte del entorno de mi casa y humedecer esa zona para que no me llegara directamente el fuego”, relata.

Liderazgo y solidaridad
En esta historia, Ricardo Almonacid, vecino del sector, tiene un importante papel. Partió como beneficiario del programa Desafío Agua, implementando en su casa un sistema de cosecha y almacenamiento que, con el tiempo, dejó de ser “una mejora” y pasó a ser parte del plan del sector. Hoy es monitor comunitario: acompaña a otras familias para que instalen soluciones similares, revisa con ellos qué funciona y qué hay que ajustar. “Gracias al agua y a la capacitación pudimos defender nuestro sector”, asegura enfáticamente. Para él, lo decisivo fue que el sistema ya existía, estaba probado y se activó sin improvisación: “lo teníamos de mucho antes… todo el sistema funcionó y pudimos salvar nuestra casa”.
El Desafío Agua, a través de su línea de Monitores Comunitarios, capacita a vecinos para captar y gestionar agua y luego replicar lo aprendido. José Tomás Avilés, encargado de la iniciativa, explica que partieron con 35 vecinos porque “tenían que formarse muy bien en cosecha de agua lluvia, mini tranques, pozos y puntera”. En principio, la idea es obtener agua para uso domiciliario, pero también sirve para emergencias de este tipo. Con esa lógica, añade Avilés, “el modelo ha escalado a más de 24 comunas, con cerca de 430 vecinos capacitados como monitores”.

Planificación y conducta
Otro aspecto importante es “mantener la calma, y eso se aprende gracias a la prevención, si no tienes prevención y capacitación, es muy probable que no sepas cómo manejar la situación y tampoco sabrás cómo apoyar a tus vecinos”, sostiene Liliana Valenzuela.
La planificación también es fundamental, asegura Rodolfo Ceballos, jefe de Patrimonio de ARAUCO, y pone un ejemplo concreto: la materialización del ensanche del camino acordado con la comunidad y priorizado tras identificar el riesgo en los planes de emergencia trabajados con la RPC. “En el incendio permitió el ingreso sin cuellos de botella, con vehículos subiendo y bajando a la vez; y esa franja, además, funcionó como barrera tipo cortafuego hacia las viviendas”, sostuvo.
En plena emergencia, Liliana destaca el monitoreo y la coordinación con el puesto de comando: “Llegaron las cuadrillas y pasaba el skidder para defender a nuestra comunidad”. Para Oñate, el balance es claro: un evento comparable al de 2017, pero “solamente una casa fue afectada”.
Todas esas acciones —que se preparan durante todo el año— permitieron que, aun enfrentando una emergencia de magnitud comparable a la de aquella fatídica temporada de hace casi 10 años, el desenlace fuera totalmente distinto para Las Mercedes. No fue una temporada “con suerte”: fue una comunidad que llegó preparada, con agua disponible, coordinación activa e infraestructura pensada para responder.